Andar sin saber exactamente dónde estás. Medir cada paso con el miedo de caer. No tener la seguridad de un techo bajo el que dormir. Vivir en el desconocimiento de cuál será tu siguiente lugar de destino. Ver como una noche se te cae encima aquello que era tu protección. Toda tu ropa mojada sin nada que ponerte que pueda reconfortarte tras un largo trayecto. Bajones cuando menos lo esperas. Gritos sin sentido por lo cansados que estamos. Todo lo malo que nos pasa nos sirve para unirnos más. Para ser más uno. Conocer facetas de la gente que pensabas improbables o directamente imposibles. Todo esto alejado de todos los lujos. Sin tener nada más que lo que cargas a tu espalda y lo que los demás puedan darte. Forma algo en tu interior. Ganas de llegar. Sonrisas ante el triunfo de tus pasos. Superación de los que creías tus límites. Cansancio, impotencia, compañerismo, perdón, unión, alegría, desanimo. Un coctel de emociones en tan solo ocho días y siete noches. Tanto en tan poco tiempo. Aprendes cosas que no aprenderías en otras circunstancias. Te diferencia de los demás. Hace que tengas algo que los demás no tienen. Aprovéchalo.
