sábado, 12 de febrero de 2011

Adiós.

Creo que todos tenemos derecho a elegir el camino que queramos tomar. A lo largo de nuestra vida, son muchas las personas que pasan por nuestro corazón. Unas llegan e intentan colarse dentro de tu corazón, pero no lo consiguen; otras personas deciden currárselo día a día y sin que tú misma te des cuenta, ocupan ese espacio que conservabas vacio, es curioso.
Hay veces que tenemos que tomar decisiones que van en contra de nuestro corazón, es como si algo dentro de ti gritara desesperadamente “su tiempo se ha agotado” y joder, no es justo, ¿porque tiene que agotarse el tiempo de una persona que creías que estaría a tu lado para siempre?
Entonces ocurren dos cosas: esa persona se da cuenta de que su tiempo se ha agotado y decide marcharse, o le cuesta tanto dar ese paso que lo deja en manos del destino. ¿Y cómo se puede dejar algo así en manos del destino? Si en realidad lo único que haces es esperar a que la otra persona mueva el culo y decida pirarse.
Después de eso ocurren otras dos situaciones: la persona que se da cuenta y decide dar el paso se va con un frio adiós y sin dar explicaciones que puedan retenerla o puede tener una bonita y dolorosa despedida llena de lagrimas…
¿Pero qué pasa? ¿Que porque digas adiós y llores eres mejor persona? ¿Alguien se ha preguntado lo duro que es decir adiós a una persona que te importa e irte como si nada? ¿A caso nunca nadie lo ha hecho?
Pues me he ido de esta forma, no he sido capaz de decir adiós y me voy, pero de lo contrario habría pasado horas y horas llorando y sin irme, porque es muy fácil decir adiós, y pasarte horas y horas sin irte desde que ese adiós a salido de tu boca…
Creo que las cosas que duelen hay que hacerlas sin pensarlas, porque si realmente me parara a pensar a donde va a llevarme esa despedida, estoy convencida que nunca jamás hubiera dado ese paso.