sábado, 12 de febrero de 2011

Infancia.

Todo era fácil. Todo. El mundo era un lugar pequeño, que se reducía a nuestro querido baúl, lleno de juguetes. Papá nuestro heroe, Mamá nuestra ídolo. Si se tuviera que resumir en una palabra, esa sería inocencia.
Inocencia, al caerse un diente, y dejarlo debajo de la almohada. Inocencia, al esperar un cinco de enero a los queridos Reyes Magos. Inocencia, al no saber lo que significa sentir amor, verdadero amor, y no el amor a un hermano, o a un padre. No, el amor al que me refiero, es aquel que no te deja dormir, te hace sonreír sin ningún motivo, te hace llorar, soñar.